viernes, 5 de septiembre de 2008

Llena de vos

Y cuando miras atrás hay tanto que no habías notado, recuerdos que en verdad te hacen estremecer, electrifican tu piel y desbordan tu pecho de una sensación hermosa pero indescriptible. Cosas que marcan esa tú historia. Están los que hacen que explotes de alegría y la sonrisa no quepa en tu cara, los que hacen que una lágrima recorra tu mejilla de emoción y los que logran que tu mirada quede perdida buscando algún porque.
El día que mamá entro en el patio del jardín y fue la última clase de gimnasia que tuviste ahí, los juegos en ese salón y los ratos en el columpio, con esa persona que compartía con vos todas las mañanas y de la que hoy no sabes más nada, que te preocupaba su salud y sin embargo cuando la recordás rezas por que este bien. Te arrancaron de ese lugar para que conozcas gente un poco más grande y comenzaras el colegio, en ese salón donde después se iban a esconder atrás de un armario lleno de almohadones, donde ibas a escuchar tantos retos, tantas promesas de malas notas que nunca llegarían a grabarse en el cuaderno. Te volvieron a sacar de ahí, solo de alguna forma, seguías entre las mismas paredes y caminando los mismos suelos, pero ahora para hacerlo tenías que levantarte mucho antes, ya no almorzabas a las corridas y terminabas de tragar el último bocado de postre sobre el micro, ahora a ese bocado lo esperabas ansiosa al regreso; y llegaste y estaba lleno, otra vez, de mil caras nuevas, una maestra que resulto conocida, un amor-amigo que te dio tantas sorpresas y mil cosas en común. Mil bailes arriba de ese escenario, al que subías aterrada y del que no te podían bajar. El honor de acompañar a esa bandera hermosa, que podía traer tantos comentarios, pero la sonrisa de tu familia al verte era impagable, y al contarlo hoy todavía ves como se les dibuja. Todos, absolutamente todos los recuerdos en ese lugar te provocan sensaciones estremecedoras, el día que lo tuviste que dejar, estaba todo distinto, no era como el primer día que lo pisaste, ahora no estabas temblando de miedo, ahora llorabas de tristeza, y en cada abrazo dejabas un poco de vos, y cada mirada la guardabas en un rincón tuyo, para poder hoy cerrar los ojos y todavía ver esas caras que te acompañaron durante tanto tiempo. Y cuando saliste de ese, para meterte en uno parecido, te paso lo mismo, te volviste a encariñar infinitamente, volviste a conocer a gente impresionante, en todos los sentidos, el día que lo tuviste que dejar fue igual de triste, o más, hubo fiestas, y a esas si que nadie las borra, cada instante, de las dos, desde que atravesaste ese pasillo junto a dos mujeres más, hasta que saliste por esa puerta dejando una sonrisa grabada al lado de tu mamá en una foto; y en la otra, desde que se murieron de ansiedad todos juntos por caminar casi de la mano para llegar con los que nunca los dejaron solos, cuando volvieron a entrar pero esta vez descontrolados, abrasando a los que menos imaginabas, tomándote el mejor de los descansos ahí afuera, disfrazada de algún tipo de espécimen, al lado de otra de las personas que tanto dejo en tu historia, hasta que se fueron sigilosamente para no quedarse a limpiar; y esa fiesta es uno de los recuerdos que hacen: brincar a tu corazón y escapar de tus ojos a las lágrimas.
El día que llego tu papá llorando, explotando de impotencia a casa, y que verlo daba terror, le habían arrancado el objeto material que más amaba, y vos no podías hacer nada, solamente sentir con el, hasta hoy, esa falta. Ese te llena de odio, te hace entrecerrar los ojos y apretar tus puños.
Esas peleas en la cama con ese grandote que dicen que es tu hermano, que todavía te descostillas de risa cuando te acordás, mucho más lo que vino después, ese chirlo y la ducha helada, pero nunca aprendieron, lo seguían haciendo, y te sentías triunfante cuando escalabas hasta su espalda y lograbas dejarlo boca abajo, y brincabas sobre el, te llenabas de orgullo de vos misma.
Esas pasadas en la pasarela, y ese día que te quedaste estática sin saber que hacer, si girar, posar, sonreír o salir corriendo, y el miedo te arruinó el futuro, y nunca más la volviste a pisar. Hasta esa competencia que se abuso de tu debilidad y te arruino la cabeza, pero fue placentero volver a caminar por ahí, sentir todos y cada uno de los ojos que posaban en vos.
Esa noche, ese llamado que bautizó a ese 14 de febrero con el final más triste y doloroso de todos, lo experimentabas por primera vez, la noche en que un ser todo poderoso arrancó de tu vida a la persona que hoy más extrañas, a la mujer que cargaba con toda la bondad del universo, la buena educación y todas las anécdotas. La que siempre estaba dispuesta a todo, solo una noche no estuvo con vos, una noche importante, pero antes dejó todo su esfuerzo, había soportado el dolor, subió escalón por escalón para poder verte esa tarde que era tan importante para vos, esa vez no te falló, dejó parte de ella en esa escalera, lo hizo por vos, y lloró por vos, siempre estuvo guiándote para que eligieras el mejor de los caminos y rezaba por que nunca te tropezaras, porque jamas conocieras lo que es el dolor, porque tu vida sea siempre color de rosas; la mujer digna de seguir su ejemplo, sin dudas LA mujer, esa que hoy te hace tanta falta, y todavía no aceptas su ausencia, la que cerras los ojos y la vez en su rincón, que sentías su dolor, y aún te imaginas en su regazo y podes sentir su mejilla al lado de la tuya. Te sentís mal, te llenas de culpa al sentir eso solo por ella, y por los otros tres no, aunque te hagan tanta falta como ella, pero la naturaleza lo quiso así, a esas otras ausencias la vida te fue acostumbrando, te fuiste amoldando a ellas, pero esta es tan nueva, que sentís que por siempre va a quedar como reciente. Y ese es uno de los recuerdos en los que te sobrepasa el dolor.
Hay más, muchos más, las vacaciones de tus quince años del otro lado de la frontera, sin los más importantes pero a la vez con personas importantísimas; ese encuentro enfrente de ese colegio, esa esquina, ese cine, mil recuerdos atados a la misma persona, imposibles de enumerar por lo infinitos; esos días-tardes-noches al lado del río haciendo eso que para tantos es tan aburrido pero para ustedes era la mejor de las actividades en grupo que compartían, durmiendo en carpa, juntando leña, agarrando animalitos escurridizos, prendiendo fuego, contando cuentos, con vértigo, y tanto más; mil peleas, los arreglos y las resignaciones; noches en casas distintas; paseos; tantas lagrimas, impotencia y situaciones que no se adecuaban a tu edad; colectivos, bicicletas, extraños bailes y miles de coreografías, las mismas ropas, peinados iguales; guitarreadas y "la casa de Gran Hermano"; una cita para alguien en la noche menos indicada; comentarios inoportunos; equivocaciones; aciertos; tendencias y modas; cosas que te llenan de caras distintas, más y más recuerdos, te llenan de vos, de tu historia y mil sensaciones.

No hay comentarios: